Ampollas y rozaduras en corredores: causas y solución
- PeriodicoYA Puebla

- 22 ago
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Richard Rondón / soymaratonista.com
No suenan tan graves como una tendinopatía o una fractura por estrés, pero las ampollas y rozaduras son, en la práctica, la causa más frecuente de que un entrenamiento o una carrera se interrumpan antes de tiempo. Entender qué las provoca realmente cambia por completo la forma de prevenirlas.
Ampollas: lo que la ciencia corrigió sobre su causa real
Durante años se explicó la formación de ampollas simplemente como el resultado de «el roce del calzado». La evidencia más reciente matiza bastante esa idea. La causa real no es el roce superficial entre la piel y el calzado, sino la deformación por cizallamiento repetido dentro de las capas de la piel, un mecanismo distinto al simple frotamiento que muchos imaginan.
En términos simples: en cada apoyo, el suelo empuja el zapato hacia atrás, el zapato empuja la media, y la media empuja la piel. Al despegar el pie, esas fuerzas se invierten. Ese vaivén repetido, no el contacto en sí, es lo que separa las capas superficiales de la piel y forma la ampolla. El calor y la humedad no son la causa principal, sino factores que aceleran el proceso al debilitar la resistencia de la piel frente a esas fuerzas.
La magnitud del problema es considerable, aunque varía bastante según el tipo de carrera. En una maratón de una sola jornada, entre el 20% y el 60% de los participantes desarrolla al menos una ampolla durante la prueba. En los ultramaratones de varios días consecutivos, la incidencia sube de forma marcada con cada jornada acumulada: en una competencia de cinco etapas se registró un 34% de corredores con ampollas tras el primer día, que subió a 54% en el segundo, 72% en el tercero y 76% en el cuarto. Un dato relevante para cualquier corredor es que el riesgo aumenta de forma notable una vez que el kilometraje acumulado supera los 25 kilómetros, momento en el que el sudor y el cizallamiento repetido terminan superando la capacidad de resistencia de la piel.
Por qué las estrategias clásicas de prevención no siempre funcionan
Aquí está uno de los hallazgos más honestos de la evidencia reciente: la persistente alta incidencia de ampollas por fricción en los pies pone en duda la efectividad de las estrategias de prevención más comunes. Esto no significa que no sirva de nada prevenir, sino que ninguna medida aislada es garantía total, y conviene combinar varias a la vez.
Entre las estrategias con mejor respaldo están reducir la fricción, minimizar la humedad y limitar el número de repeticiones de esa deformación por cizallamiento, por ejemplo evitando entrenar con calzado nuevo sin haberlo probado antes en distancias cortas.
Rozaduras: la otra cara del mismo problema
Aunque ampollas y rozaduras comparten el mismo origen mecánico, no son lo mismo. En la ampolla, las fuerzas de cizallamiento separan las capas de la piel manteniendo intacta la capa superior, que forma el «techo» característico. En la rozadura, en cambio, es esa misma capa superior la que se daña directamente, generando irritación o una herida abierta que puede supurar líquido.
Las zonas más afectadas por rozaduras en corredores suelen ser los muslos, las axilas y, en carreras largas, los pezones, sobre todo en hombres. La combinación de ropa que no maneja bien la humedad, movimiento repetido y distancias largas es el escenario perfecto para que aparezcan.
Cómo tratarlas cuando ya aparecieron
Sobre si conviene o no drenar una ampolla, la evidencia clínica es bastante consistente: drenar las ampollas que están intactas, conservando el techo de piel, produce menos molestia y puede reducir el riesgo de infección secundaria, mientras que las ampollas ya sin techo se benefician de un apósito hidrocoloide, que alivia el dolor y permite continuar la actividad física si es necesario.
En la práctica, esto se traduce en una regla simple: si la ampolla es pequeña y no duele, lo mejor es dejarla intacta y protegerla. Si es grande, tensa y claramente va a reventar sola, se puede drenar con una aguja estéril por el borde, sin retirar la piel del techo, y cubrir después con un apósito hidrocoloide. Para las rozaduras, basta con limpiar la zona, dejar secar y aplicar una crema o lubricante para permitir que la piel se regenere sin fricción adicional.
Resumen de causas y soluciones

Preguntas frecuentes
¿Es mejor usar medias de algodón o técnicas para evitar ampollas?
Técnicas. El algodón retiene la humedad y aumenta el riesgo, mientras que las fibras sintéticas o la lana merino ayudan a mantener el pie más seco y reducen la fricción.
¿Debo reventar una ampolla o dejarla como está?
Depende del tamaño. Si es pequeña y tolerable, lo mejor es protegerla sin tocarla. Si es grande y dolorosa, se puede drenar con una aguja estéril sin retirar la piel del techo, que sigue funcionando como protección natural.
¿Por qué me salen ampollas incluso usando el mismo calzado de siempre?
Porque la humedad, el calor, la distancia recorrida y hasta la hinchazón normal del pie durante carreras largas influyen en el riesgo, más allá de que el calzado sea el adecuado.
¿Los lubricantes realmente previenen las rozaduras?
Sí, reducen la fricción directa entre la piel y la ropa o entre superficies de piel, que es el mecanismo principal detrás de las rozaduras en distancias largas.


















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