Escuelas cerca de refinerías; niños respiran aire tóxico
- PeriodicoYA Puebla

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49 escuelas, desde primarias hasta bachilleratos, se ubican dentro de un radio máximo de 5 kilómetros de refinerías en el país, exponiendo a alumnos y docentes a contaminantes como benceno y dióxido de azufre
Por lo menos en 49 escuelas en México, el aire que respiran los niños durante sus descansos va cargado de un coctel invisible de benceno, dióxido de azufre y partículas suspendidas por las refinerías.
Mientras el país apuesta por la soberanía energética, miles de estudiantes asisten a clases “codo a codo” con las chimeneas industriales de refinerías como las de Cadereyta, Tula, Madero y Dos Bocas, que operan dentro un radio crítico de menos de cinco kilómetros, que los expertos consideran de alta vulnerabilidad.
El Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos (NCBI, por sus siglas en inglés) reconoce que los “metales pesados representan una amenaza significativa para la salud humana, en particular para los niños”.
De acuerdo con registros cartográficos, estos planteles, que incluyen primarias, secundarias y bachilleratos, se encuentran en el perímetro donde la exposición a emisiones industriales aumenta considerablemente el riesgo de cáncer y enfermedades respiratorias en menores de edad.
En algunos casos, como el de la refinería Olmeca de Dos Bocas, los tanques de aguas amargas, que representan el mayor riesgo de la infraestructura, se encuentran a apenas 300 metros de las aulas, ignorando el mínimo legal de 500 metros dictado por la normativa.
A pesar de que México cuenta con un entramado legal robusto en papel, la realidad simboliza un abandono sistemático en lo relacionado con las refinerías.
La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) establece en sus artículos 147 y 148 la creación de “Zonas Intermedias de Salvaguardia” para proteger a los asentamientos humanos de actividades “altamente riesgosas”.
Sin embargo, la falta de ordenamiento territorial ha permitido que la mancha urbana, incluidas las escuelas, deban convivir diariamente con esas zonas de amortiguamiento.
No podemos seguir normalizando que niñas y niños vivan en estas condiciones sus periodos educativos. No podemos arriesgar a un desastre”, advirtió en entrevista con medios nacionales Pablo Montaño, director de la organización Conexiones Climáticas.
Montaño insistió que la crisis no se resolverá con el cierre de escuelas, sino con la rápida actuación de las autoridades.
“La solución no es cerrar su escuela, la solución es garantizar su derecho a la educación... Tenemos una refinería de miles de millones de pesos, no puede ser que no se puedan destinar recursos para la reubicación”, apuntó.
Marco regulatorio, ambiguo
En la actualidad, normas como la NOM-005-ASEA-2016 o la NOM-008-ASEA-2019, se enfocan predominantemente en estaciones de servicio, es decir, gasolineras, pero dejan un vacío o, una explicación laxa, en las grandes plantas de transformación industrial.
Y es que en las refinerías, según especialistas, la seguridad debería regirse por el Análisis de Riesgo del Sector Hidrocarburos (ARSH), que calcula matemáticamente el “Radio de Consecuencia” ante una explosión o fuga tóxica.
Si una escuela queda dentro de ese radio, legalmente la instalación no debería operar o el plantel tendría que moverse; no obstante, aseguró Montaño, las autoridades hacen caso omiso a los riesgos y aplazan constantemente el cambio de ubicación de los institutos educativos, que muchas veces, son parte del mismo Pemex.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que ninguna escuela sea construida en zonas donde la calidad del aire esté constantemente degradada por actividades industriales de alto impacto como las refinerías, basándose en la medición de contaminantes y no únicamente en una distancia física.
Una carrera contra el tiempo
En medio de cambios en la dirección de la petrolera mexicana, padres de familia y maestros denuncian que los niños vienen, desde hace años, presentando daños en su salud, como sangrados de nariz, mareos y desmayos.
Montaño señaló que las autoridades educativas suelen apostar por el “juego del cansancio”, ignorando las peticiones de reubicación hasta que el tema sale de la agenda pública.
La reciente explosión en la refinería Antonio Dovalí en Salina Cruz, que dejó por lo menos seis lesionados, es un recordatorio de que el riesgo no es solo ambiental, sino de seguridad inmediata.
Esta es una carrera que nunca vamos a ganar mientras se siga ampliando la frontera de extracción y de uso de los combustibles fósiles”, sentenció Montaño.
Cada nueva infraestructura, explicó, es una amenaza potencial para los espacios seguros de la infancia mexicana.
Mientras el gobierno federal y Pemex mantienen la operación de estas plantas, la promesa de reubicación, como la que se hizo inicialmente para las escuelas cercanas a Dos Bocas, permanece incumplida, dejando a miles de niños respirando el residuo de una industria que se niega a guardar su distancia.
Mapa de riesgo en el país
La distribución de muchas de las escuelas consultadas revela fallas sistemáticas en el ordenamiento territorial, donde en muchos casos, las instituciones educativas llegaron después de las plantas para atender a los hijos de los trabajadores, o la mancha urbana acaparó la zona.
En Tamaulipas, por ejemplo, la refinería Madero es la zona con mayor densidad escolar en peligro, pues tiene un aproximado de 13 planteles en el radio estudiado, incluyendo las primarias Aurelia García Rodríguez y Francisco I. Madero, esta última ubicada literalmente frente a la instalación industrial.
En San Luis Potosí, donde se encuentra la refinería de Zinc de Grupo México, se identificaron por lo menos 9 escuelas cercanas.
Un caso parecido es Guanajuato, que alberga la refinería Antonio M. Amor, que cuenta con nueve instituciones en el perímetro de riesgo, destacando la Escuela Primaria Pemex y la Secundaria Técnica N° 7.
En Veracruz, que tiene la refinería Gral. Lázaro Cárdenas, al menos ocho escuelas conviven con la planta de Minatitlán, entre ellas la primaria Sor Juana Inés de la Cruz y el Centro Educativo Ignacio de la Llave.
En Hidalgo, que tiene la refinería Miguel Hidalgo, se ubican cuatro planteles críticos en la zona de Tula, como la primaria Guillermo Prieto y el Instituto Ángeles.
En Nuevo León, que alberga la conocida refinería Cadereyta, hay por lo menos tres instituciones, incluyendo la Universidad Tecnológica Cadereyta, en una zona de constantes quejas por contaminación del aire.
Si bien en marzo pasado, después de otra explosión en una refinería de Pemex, la presidente Claudia Sheinbaum aseguró que pidió la reubicación de escuelas en Tabasco, el gobernador Javier May dijo el 19 de marzo que aún esperaba los informes de la petrolera para comenzar con el traslado.
De no cumplir con la reubicación, que incluso Presidencia reconoció que es necesario, el próximo ciclo escolar los padres continuarán en la incertidumbre de si deberán cancelarse las clases por alguna explosión o afectación en las refinerías.
Exigen exámenes médicos en Monterrey
Luego de que padres de familia exigieron la reubicación de las escuelas próximas a la Refinería de Pemex en Dos Bocas, en Tabasco, la diputada local en Nuevo León Claudia Caballero solicitó que se realicen exámenes médicos a los habitantes que viven cerca de la Refinería de Cadereyta, así como estudios de impacto ambiental.
“¿Qué significa tomar cartas en el asunto? Estudios que confirmen cuál es el daño no sólo ambiental de la zona, sino el daño a los habitantes cercanos a la refinería”, expuso en entrevista y aseguró que no se trata de cerrar escuelas.
Convivencia centenaria con el peligro
La escuela primaria Artículo 123 Aurelia García se localiza frente a la refinería Francisco I. Madero de Pemex, una de las plantas de refinación de petróleo más grandes de la zona en el municipio de Madero y su ubicación, a escasos metros de las instalaciones, la convierte en uno de los planteles con mayor peligro por la exposición constante a los químicos que se desprenden del proceso de refinado y de sus derivados.
El inmueble, con más de 100 años de historia, vivió momentos críticos en 2014, cuando una unidad coquizadora se incendió y mantuvo en alerta a la comunidad escolar.
La escuela fue fundada en 1917 con el objetivo de que los hijos de los trabajadores de la refinería extranjera El Águila —y de otras compañías— pudieran estudiar. Tras la expropiación petrolera de 1938, el plantel logró mantenerse en funcionamiento y, más tarde, abrió sus puertas al público en general.
En la actualidad atiende a 34 colonias en los municipios de Madero y Altamira, con una matrícula aproximada de 300 alumnos.
En 2017 surgió la intención de remover la escuela debido al peligro que representa, pero se movilizaron y lograron evitar el cierre.
En riesgo latente por explosiones
Las escuelas cercanas a la refinería Antonio Dovalí Jaime de Pemex en el municipio de Salina Cruz, en la región del Istmo de Tehuantepec, enfrentan riesgos latentes por incidentes industriales (explosiones y fugas de gases) y contaminación ambiental. La cercanía al complejo expone a los alumnos a problemas respiratorios y constantes alertas por emergencias químicas.
Alrededor de la refinería se estima que existen cerca de 30 a 45 planteles educativos —públicos y privados— de distintos niveles.
A lo largo de cada ciclo escolar, se reportan explosiones en torres de enfriamiento y severos incendios de pastizales en los perímetros de la planta.
Los planteles educativos ubicados en colonias aledañas a la petrolera están expuestos a columnas de humo y emisiones de gases”, reconoce el Atlas de Riesgos de Salina Cruz.
Con información de Aracely Garza, Alfredo Peña y Patricia Briseño

















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