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5 señales de que necesitas cambiar tus zapatos para correr

  • Foto del escritor: PeriodicoYA Puebla
    PeriodicoYA Puebla
  • 20 sept
  • 4 Min. de lectura
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Patricia Rodriguez / soymaratonista.com

 

Los zapatos son la herramienta más importante de cualquier corredor. Sin embargo, no duran para siempre. Utilizarlas más allá de su vida útil no solo afecta el rendimiento, sino que también aumenta el riesgo de lesiones. Reconocer las señales a tiempo puede marcar la diferencia entre correr con comodidad o sufrir molestias constantes.

 

A continuación, te compartimos las cinco señales más claras de que es momento de cambiar tus zapatos, junto con recomendaciones prácticas y lo que dice la ciencia sobre su duración.

 

Unos zapatos en buen estado pueden marcar la diferencia entre correr con molestias o disfrutar cada kilómetro con seguridad. Para explorar distintas opciones de modelos y marcas, puedes consultar tiendas especializadas como i-Run.

 

1. Suela desgastada o pérdida de tracción

 

La suela es la primera parte de la zapatilla en mostrar señales de desgaste, ya que está en contacto directo con el suelo. Cuando el dibujo o los tacos se alisan, la capacidad de tracción disminuye de forma considerable. Esto se nota especialmente en superficies mojadas, con tierra suelta o en giros cerrados, donde el riesgo de resbalones aumenta.

 

El desgaste también puede ser desigual, concentrándose en el talón, la parte interna o externa del pie, dependiendo de tu tipo de pisada (pronadora, supinadora o neutra). Este patrón no solo reduce el agarre, sino que puede alterar tu biomecánica y generar desbalances que afectan a rodillas, tobillos o caderas.

 

En corredores de trail, la pérdida de los tacos de la suela es aún más crítica, ya que la estabilidad en terrenos técnicos depende directamente de su profundidad y resistencia. En asfalto, en cambio, la señal más clara es la aparición de zonas completamente lisas o el desgaste del caucho hasta dejar expuesta la mediasuela.

 

Una suela sin dibujo definido es una de las alertas más fáciles de identificar y, probablemente, la primera pista de que tus zapatos han llegado al final de su vida útil.

 

2. Amortiguación reducida

 

La mediasuela está diseñada para absorber el impacto de cada zancada, pero con el uso pierde su rebote natural. Cuando notes que el impacto se transmite más a tus rodillas o caderas, es momento de pensar en un reemplazo.

 

Dos pruebas rápidas para comprobar el desgaste

 

Además de observar y escuchar a tu cuerpo, puedes aplicar estas pruebas sencillas:

 

  •     Press test: presiona con el pulgar la mediasuela. Si está dura y casi no cede, la amortiguación se ha perdido.

  •     Flexibility test: dobla la zapatilla desde la punta hacia el talón. Si se pliega con facilidad, ha perdido estabilidad y soporte.

 

3. Aparición de dolores o molestias nuevas

 

Unos zapatos gastados pueden provocar dolor en pies, rodillas, caderas o espalda.

 

Escuchar a tu cuerpo es tan importante como mirar el estado del calzado. Unos zapatos desgastados son más que un problema de comodidad. Las lesiones por sobreuso, estas afecciones —como microdesgarros, tendinitis o bursitis— suelen aparecer de forma progresiva, evitando que el corredor las perciba como una lesión grave al inicio, pero reduciendo su rendimiento con el tiempo.

 

Esto se agrava cuando el calzado ya no proporciona la amortiguación, soporte o estabilidad adecuados. Por ejemplo, un desgaste excesivo de la suela o una superficie inestable puede alterar la biomecánica de cada zancada. Esto aumenta el estrés en estructuras como aquiles, rodillas o incluso en la zona lumbar, fomentando la aparición de dolencias crónicas.

 

4. Deformación visible

 

Si el calzado se inclina hacia un lado, presenta pliegues profundos en la mediasuela o ya no mantiene su forma original, ha perdido soporte y estabilidad. Esto puede alterar tu pisada y aumentar el riesgo de lesiones.

 

5. Kilometraje acumulado

 

La referencia clásica indica reemplazar los zapatos entre 600 y 800 km. Sin embargo, muchos corredores sienten la diferencia antes, a partir de los 300–400 km, especialmente cuando comparan un par usado con uno nuevo. Rotar varios pares a la vez es una estrategia efectiva para alargar la vida útil de cada uno.

 

Sin embargo, un reciente análisis citado por The Times recuerda que esta idea proviene de un estudio de 1985, cuando los materiales eran muy distintos a los actuales.

 

Hoy, gracias a espumas más resilientes y suelas avanzadas, algunos modelos pueden conservar sus propiedades más allá de esas cifras. Por eso, los expertos aconsejan no depender de un número fijo, sino combinar tres criterios:

 

  •     Sensaciones al correr (rebote, comodidad).

  •     Desgaste visible (suela y mediasuela).

  •     Historial de uso (tipo de superficie, peso del corredor, rotación de pares).

 

Consejos adicionales

 

Además de las cinco señales principales y las pruebas rápidas que puedes realizar en casa, existen otros factores que influyen en la vida útil de tus zapatos y que conviene tener en cuenta al planificar tus entrenamientos. Estos consejos adicionales te ayudarán a prolongar su rendimiento, prevenir lesiones y hacer una transición más segura cuando estrenes un nuevo par:

 

  • Rotación de zapatos         Alternar 2–3 pares alarga la vida útil y evita la sobrecarga en una sola mediasuela.

  • Escucha a tu cuerpo         Molestias repentinas o falta de “rebote” son señales clave más allá del kilometraje.

  • Varía según tipo de zapatilla      Identifica si son de competición, entrenamiento diario o trail para estimar duración.

  • Observa la superficie y desgaste           Suela lisa, mediasuela comprimida o desgaste irregular indican fin de ciclo.

  • Materiales mejorados      No dependas solo de un número; compara sensaciones con modelos nuevos.

  • Transición planificada      Al estrenar el modelo, intercala entrenos durante una semana para adaptarte.

 

Cambiar tus zapatos de correr a tiempo es una inversión en salud y rendimiento. No esperes a que aparezcan lesiones para tomar la decisión. Suelas gastadas, falta de amortiguación, dolores nuevos, deformaciones y kilometraje elevado son señales claras de que ha llegado el momento.

 

Recuerda: más allá de los números, la clave está en escuchar a tu cuerpo y observar el estado de tus zapatos. Un par nuevo puede ser la diferencia entre correr con molestias o disfrutar cada kilómetro con seguridad.

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