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Migraña: síntomas, impacto y la importancia de una atención integral

Foto del escritor: PeriodicoYA Puebla
PeriodicoYA Puebla
hace 1 hora
5 min de lectura

 

Pepe Herrera / unamglobal.unam.mx

 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la migraña es una de las enfermedades neurológicas que más discapacidad provoca en el mundo. A pesar de su elevada frecuencia y del impacto que puede tener en la calidad de vida, todavía suele ser subestimada y confundida con un simple dolor de cabeza.

 

Sin embargo, la migraña es una enfermedad neurológica caracterizada por episodios recurrentes de cefalea que pueden alcanzar una intensidad moderada o severa y durar entre cuatro y 72 horas. Durante estos episodios, muchas personas pueden quedar imposibilitadas para trabajar, estudiar, practicar deporte o realizar con normalidad actividades de la vida cotidiana. Por ello, sus consecuencias no se limitan al dolor: también pueden afectar la vida familiar, social, académica y laboral.


Una enfermedad que afecta antes, durante y después del dolor

 

El profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, Moisés Eduardo Rodríguez Olvera, explicó en el programa “Con-ciencia. Psicología y sociedad”, de Radio UNAM, que una de las principales características de la migraña es la gran variabilidad con la que se presenta. Mientras algunas personas experimentan ataques poco frecuentes, pero de intensidad muy elevada, otras pueden tener dolores más frecuentes, aunque menos intensos. En los casos de migraña crónica, los episodios pueden presentarse prácticamente todos los días.

 

Generalmente, el dolor es pulsátil y puede aparecer en un solo lado de la cabeza, aunque también puede afectar ambos lados. A esta manifestación se suman diversos síntomas físicos y sensoriales, como náuseas, vómitos, mareos y una sensibilidad extrema a la luz, los sonidos, los olores o incluso al tacto. La combinación y la intensidad de estos síntomas varían de una persona a otra.

 

Además, la migraña no comienza ni termina necesariamente con la cefalea. Algunas personas presentan síntomas prodrómicos, es decir, señales que aparecen antes del episodio y pueden anticipar su llegada. Otras experimentan el llamado aura antes o durante el ataque, que puede incluir alteraciones visuales, como destellos de luz, puntos de colores o cambios en la visión, así como hormigueo o entumecimiento en las extremidades o en la cara.

 

Incluso después de que desaparece la cefalea, las consecuencias pueden prolongarse. Es posible que permanezcan el cansancio, el agotamiento, el malestar, el dolor residual, la falta de concentración, las dificultades de memoria, la ansiedad o incluso la depresión. De esta manera, la migraña puede convertirse en una experiencia que afecta a la persona antes, durante y después del episodio.


El impacto en la vida cotidiana

 

Durante los ataques, algunas personas no pueden realizar sus actividades habituales. Pero incluso cuando consiguen acudir al trabajo, continuar con sus estudios o cumplir con otras responsabilidades, su rendimiento y productividad pueden disminuir considerablemente. El impacto también puede extenderse al deporte, las relaciones sociales y la vida familiar.

 

A esta carga funcional se suma una dimensión económica. Las personas con migraña pueden realizar gastos constantes en medicamentos para aliviar o detener el dolor, así como en distintos tratamientos. Aunque estos recursos pueden ayudar a controlar los síntomas, no necesariamente tienen un efecto preventivo sobre la enfermedad. Por ello, la migraña puede representar una carga económica y emocional que se acumula a lo largo del tiempo.


Una enfermedad que todavía es subestimada

 

A pesar de estas consecuencias, la migraña continúa siendo minimizada tanto socialmente como, en ocasiones, dentro de los propios servicios de salud. Expresiones como “solo es un dolor de cabeza” desconocen la complejidad de la enfermedad y pueden contribuir a que quienes la padecen no busquen atención adecuada.

 

Muchas personas permanecen sin diagnóstico o sin un tratamiento apropiado. Incluso entre quienes podrían beneficiarse de una terapia preventiva, solo una proporción reducida la recibe, mientras que son pocas las personas que consultan a especialistas en cefaleas. Reconocer la magnitud de la enfermedad resulta, por ello, fundamental para favorecer un diagnóstico oportuno y un abordaje integral.

 

Parte de esta complejidad radica en que los factores que pueden favorecer un ataque de migraña varían de una persona a otra. Entre los más frecuentes se encuentran los cambios en el clima y la presión barométrica, las fluctuaciones hormonales, las alteraciones en los patrones de sueño, saltarse comidas, la deshidratación y, en algunas personas, el ejercicio intenso o un esfuerzo físico mayor al habitual. En muchos casos, además, no existe un solo desencadenante, sino una combinación de factores que puede aumentar la probabilidad de que aparezca un episodio.



A estos factores se suman otros relacionados con el estado psicológico, como el estrés, las preocupaciones, la ansiedad y determinadas emociones. Esto no significa que la migraña sea “imaginaria” ni que la persona sea responsable de su dolor. Por el contrario, pone de manifiesto la interacción entre los procesos psicológicos y fisiológicos que participan en la enfermedad.


La importancia de atender la salud mental

 

Desde esta perspectiva, la migraña puede entenderse también como un ejemplo de interacción psicofisiológica, en la que pensamientos, emociones, hábitos, conductas y estados de estrés pueden influir en las respuestas del organismo.

 

Esta relación adquiere especial importancia en las personas que padecen migraña crónica, quienes presentan con mayor frecuencia problemas como ansiedad, depresión y trastornos del sueño. De esta manera, puede establecerse un círculo en el que el dolor afecta el estado emocional y, a su vez, el estrés, la ansiedad y las alteraciones del sueño pueden favorecer la aparición de nuevos episodios.

 

Por ello, abordar la migraña implica mirar más allá del dolor de cabeza. Comprender sus manifestaciones, reconocer su impacto en la vida cotidiana, identificar los factores que pueden favorecer los episodios y atender tanto sus componentes físicos como psicológicos son elementos fundamentales para ofrecer a quienes la padecen un tratamiento y una atención verdaderamente integrales.


¿Qué se puede hacer desde la parte psicológica y médica?

 

Al ser una enfermedad multifactorial, la migraña se debe atender de una forma integral. En este contexto, el especialista de la Facultad de Psicología comentó que la intervención psicológica puede desempeñar un papel importante. La terapia cognitivo-conductual busca ayudar al paciente a modificar pensamientos, conductas y hábitos relacionados con la enfermedad y promover un estilo de vida más saludable.

 

Entre los aspectos que pueden trabajarse se encuentran los hábitos de alimentación, ejercicio y sueño, así como las estrategias para afrontar el estrés y las situaciones emocionales que puedan relacionarse con los episodios. Asimismo, se deben contemplar las intervenciones psicofisiológicas, particularmente la relajación.

 

En la parte médica, una herramienta fundamental es el diario de cefaleas y la autoobservación; es decir, conocer las señales que aparecen antes, durante y después de un ataque puede ayudar al paciente a identificar patrones y actuar oportunamente.

 

En el diario, la persona puede registrar diariamente la aparición, duración e intensidad de sus dolores, así como las actividades realizadas, los alimentos consumidos, la cantidad y calidad del sueño, la hidratación, los medicamentos utilizados y las circunstancias emocionales o sociales que estuvieron presentes antes del episodio. Este registro permite identificar patrones y posibles desencadenantes que podrían pasar desapercibidos.



Otro punto importante es la necesidad de evitar la automedicación. Debido a que muchas personas consideran inicialmente la migraña como un dolor de cabeza común, pueden recurrir por su cuenta a analgésicos sin lograr un control adecuado de la enfermedad. Por ello, es importante obtener un diagnóstico adecuado y recibir indicaciones de un especialista. El neurólogo es el profesional médico encargado de evaluar la enfermedad y determinar las alternativas de tratamiento, que pueden incluir intervenciones farmacológicas y psicológicas.


No subestimar sus efectos

 

La migraña no debe considerarse un dolor normal ni una molestia menor. Es una enfermedad que puede limitar profundamente la vida de quienes la padecen y que merece atención médica y psicológica adecuada.

 

Sus efectos pueden extenderse mucho más allá de las horas en las que aparece el dolor, afectando la atención, la memoria, el estado emocional, las relaciones personales, el trabajo y la calidad de vida. Por ello, es fundamental dejar de minimizarla y promover una atención integral con el fin de proporcionar mejores oportunidades para recuperar el bienestar de quienes la padecen.

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