Vivir sin vesícula: ¿qué pasa después de la cirugía?


Vivir sin vesícula es posible: conoce qué cambios digestivos pueden aparecer tras la colecistectomía y cómo es la recuperación.
Ricardo Justo / selecciones.com.mx
Si bien puede parecer mentira, se puede vivir sin la vesícula biliar, y es que este pequeño órgano almacena y concentra la bilis que produce el hígado, aunque no es imprescindible para la supervivencia, ni para mantener la digestión.
De hecho, luego de la colecistectomía, extracción de la vesícula; un procedimiento muy frecuente en la cirugía abdominal que suele hacerse mediante una cirugía mínimamente invasiva la bilis continúa llegando al intestino, aunque lo hace de forma más continua y sin pasar por ese reservorio.
Esto lo explicó a Europa Press Eduardo Lisa, médico adjunto de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.
Él señala que durante las primeras semanas tras la extirpación de la vesícula algunas personas pueden notar gases, digestiones más pesadas, deposiciones más blandas o diarrea, especialmente después de comidas muy grasosas, pero en la mayoría de los casos el organismo se adapta progresivamente y se puede volver a una alimentación normal y equilibrada.
En algunos pacientes, una mayor cantidad de ácidos biliares puede alcanzar el colon, aumentando la secreción de agua y electrolitos, acelerando el tránsito intestinal. Este mecanismo puede explicar parte de la diarrea que aparece después del procedimiento.

Aclara el galeno que habitualmente los síntomas son transitorios y mejoran durante las primeras semanas o meses. Sin embargo en un pequeño grupo de pacientes la diarrea puede persistir y requerir valoración médica, ya que existe la denominada diarrea por ácidos biliares y dispone de tratamiento específico.
Por otra parte afirma que se han descrito modificaciones de la flora intestinal después de la colecistectomía, aunque su relevancia clínica y su relación directa con los síntomas digestivos todavía no están completamente establecidas.
Las molestias abdominales iniciales también pueden estar relacionadas con el proceso quirúrgico y con la inflamación y cicatrización de los tejidos intermedios.
No obstante insiste en que aunque se haya extirpado la bilis, como esta se produce en el hígado, al quitarse la vesícula, la bilis pasa de forma continua a través de la vía biliar directamente al intestino, sin almacenarse en ningún sitio.
A pesar de ello, los ácidos biliares siguen cumpliendo allí su función, facilitando la emulsificación y absorción de las grasas y de las vitaminas liposolubles.
Funciones de la vesícula
El doctor explica que la función principal de la vesícula biliar es almacenar y concentrar la bilis producida por el hígado. Cuando se ingieren alimentos, dice, especialmente aquellos que contienen grasa la vesícula se contrae y libera la bilis al intestino, facilitando la digestión y la absorción de los lípidos.
No es un órgano vital, continúa, porque no produce la bilis, sino que la almacena y concentra; por ello tras su extirpación el hígado sigue produciendo la bilis de manera constante y sigue llegando directamente al intestino, por lo que su función digestiva esencial se mantiene.
¿Cómo son los primeros meses sin vesícula?
Eduardo Lisa aclara que durante el primer y segundo mes después de la cirugía pueden aparecer cambios en el ritmo intestinal, diarrea, sensación de digestión pesada, gases o molestias abdominales, por lo que en estos casos aconseja:
Seguir una alimentación equilibrada, como la dieta mediterránea, evitando durante las primeras semanas las comidas excesivamente copiosas o muy ricas en grasas si generan síntomas, tanto animal como vegetal (legumbres, aguacate, frutos secos y ácidos grasos vegetales como los cítricos).
Evitar la toma de alimentos con grasa animal o vegetal durante el primer mes (legumbres, aguacate, frutos secos y ácidos grasos vegetales como los cítricos).
Es recomendable evitar acostarse inmediatamente después de comer.
La reintroducción puede hacerse de manera progresiva y en función de la tolerancia individual de cada paciente. Con el paso del tiempo, la gran mayoría de las personas pueden volver a realizar una alimentación normal, variada y equilibrada.
A largo plazo no suele ser necesaria una dieta específica, aunque es aconsejable, como para la población general, evitar un consumo excesivo de grasas y mantener un patrón de alimentación saludable.
En cuanto a la actividad física, Lisa aconseja la movilización precoz y el ejercicio ligero desde las primeras fases de la recuperación y siempre de forma progresiva.
Los esfuerzos intensos, el levantamiento de cargas y los ejercicios que aumenten considerablemente la presión abdominal deben reincorporarse gradualmente, teniendo en cuenta el tipo de intervención (laparoscópica o abierta), la evolución de las heridas y las recomendaciones específicas del cirujano.


















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